Son venezolanos, viajaron del calor al frío y ahora salvan vidas en medio de la soledad

Administracion julio 21, 2019 0 Comments

La última vez que Yesiel Díaz estuvo en Caracas hacía 35 grados a la sombra. Fue hace casi dos años, cuando Díaz y su pareja, Laura Vergel, dejaron su país tristes y abatidos con el único fin de encontrar una nueva vida en la Argentina. Por estas horas ambos se preparan para conocer de primera mano uno de los fríos más intensos de la Patagonia en Comallo, el pueblo donde ejercen la medicina general desde hace tres meses. En la localidad se han registrado bajas récord de hasta 25 grados bajo cero. No demasiado lejos del perfecto opuesto de su cálida nación de origen.

Como marca la historia de las migraciones su cambio no fue fácil. Aunque ambos son médicos generalistas, sus primeros trabajos fueron en restaurantes haciendo turnos de 16 horas para ganarse unos pesos mientras esperaban su DNI extranjero y la validación de sus títulos universitarios. Las cosas fueron mejorando de a poco. Con los meses ella consiguió empleo en un laboratorio y él en una farmacia.

Hasta que en julio de 2018 se enteraron de la convocatoria que estaba haciendo Río Negro a médicos venezolanos que quisieran radicarse en pueblos y ciudades de la provincia. La propuesta del ministerio de Salud provincial incluía la posibilidad de un salario y una casa cuando se trataba de áreas apartadas.

En Venezuela un médico gana mensualmente unos US$ 8, han explicado distintos profesionales de ese país. En Río Negro, la oferta es de 42 mil básicos más otros 40 mil extras por las guardias. Es decir, unos 2000 dólares al mes.

Los trámites de sus papeles tardaron alrededor de un año y medio, pero cuando estuvieron listos acudieron de inmediato a las entrevistas con los funcionarios rionegrinos. El 7 de marzo de este año, Díaz y Vergel, desembarcaron en Comallo, una pequeña localidad de 1500 habitantes, ubicada a unos 100 kilómetros de Bariloche.

El cambio climático y cultural no es menor para ellos. Comallo se ubica en la desolada Línea Sur, una de las geografías más agrestes de la Patagonia y su población se encuentra dispersa en parajes de difícil acceso. La inmensidad, el desierto aunque también la belleza en su forma más cruda, caracterizan a la región.

“Nos gustó mucho el lugar, la geografía y la gente que nos recibió de manera muy cálida. Donde vamos nos ofrecen un mate, nos preguntan ¿tienen cuchillo? Porque acá sin cuchillo no se come asado y todos invitan asado”, relata Díaz egresado de la Universidad Rómulo Gallegos.

La labor de los médicos incluye tanto la atención en el hospital local como en las afueras, por lo cual en ocasiones deben realizar viajes de 70 o más kilómetros por caminos que solo pueden transitar los caballos y las 4×4. “Acá encontramos la estabilidad que estábamos buscando después de todos los problemas políticos y económicos que ya se conocen de mi país. La Argentina ha sido muy generosa con nosotros”, agrega Díaz. “Ir a los parajes es la esencia de la medicina”, apunta.

Su pareja está embarazada de 8 meses. De modo que su primer hijo será argentino, un hecho que ambos reciben con especial alegría. “Va a ser argentino y va a nacer en Comallo. La Línea Sur es muy hermosa y con los años la gente ha mejorado su calidad de vida, ya hay internet, paneles solares, y nos gusta poder ayudar en este ámbito”, señala.

Los dos tienen padres y hermanos en Buenos Aires, por lo que esperan reunirse en familia pronto, probablemente en el extremo sur.

En Choele Choel hacía varios meses que estaban sin pediatra. La localidad del Valle Medio, con unos 10 mil habitantes lo necesitaba urgentemente. Isi López vino a cubrir esa vacante por la que los vecinos venían reclamando. La profesional, oriunda de Maracaibo, llegó al pueblo acompañada de su hijo Esteban de 7 años.

“El proceso de validación del título me llevó más de un año y mientras tanto trabajé asistiendo a niños con discapacidad. Cuando salió lo del título tuve una entrevista en la Casa de Río Negro y después validé todo en Viedma”, cuenta su derrotero López, egresada de la Universidad del Zulia, quien soportó con estoicismo la maraña burocrática.

“Acá ha sido muy positivo el trabajo, muy práctico y el recibimiento de los colegas también fue muy buena”, sigue. “Mi proyecto es seguir acá, trabajar y con el tiempo perfeccionarme en alguna especialidad”, agrega.

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